Han trascurrido 11 días desde el inicio del estallido popular
exigiendo la renuncia de Sebastián Piñera y de todo su gabinete, protestas que
alcanzaron su punto más alto el día Viernes 25 de octubre, a la que asistieron
un millón doscientas mil personas, a la que después de una semana trata de
integrase el partido comunista revisionista y la socialdemocracia con el objeto
de dirigir el movimiento, pero no para movilizar al pueblo a tomarse La Moneda
y expulsar a Piñera instalando un gobierno Provisorio de Salvación Nacional,
por el contrario transformaron ésta en un evento de carácter familiar cuya
consigna principal era la Paz y la Unidad Nacional, haciéndose eco de las
consignas de la derecha que intentaba bajarle el perfil a las manifestaciones,
criminalizándolas por los actos violentos de los primeros días en que la
población estallo de ira y arraso con todo aquello que representaban los 30 años
de frustración y pobreza.
Las protestas
continúan, el pueblo encuentra insuficientes las medidas anunciadas por Piñera
y exige la renuncia de la totalidad de los ministros. La clase política que en
los inicios estuvo muda, aterrorizada como las viejas cuicas del barrio alto,
han sacado la voz llamando a la paz social, comprometiéndose la derecha y la
Nueva Mayoría a trabajar en conjunto para legislar las propuestas del
gobierno, quien levanto el Toque de Queda y el Estado de Emergencia e hizo un cambio parcial de ministros como muestra de fe.
Ministros que si bien muestran una cara joven y amable de la derecha tienen la
misma escuela del fascista Chadwick.
Por su parte el partido
comunista revisionista y la socialdemocracia han movilizado a sus burócratas
sindicales y dirigentes sociales para conformar la Mesa de Unidad Social que
integran la CUT, No+AFP, Confech y otras organizaciones sociales y de
trabajadores con el objeto de asumir la conducción del estallido, ya que según
ellos nadie más puede hacerlo y así transformarse en el único interlocutor
válido para el gobierno, al que exigen un dialogo inmediato.
La estrategia de
Unidad Social es llamar a un paro nacional de dos días como demostración de
fuerza y así exigir el dialogo con el gobierno, emplazando a los empleadores a
pronunciarse sobre una agenda de derechos laborales y de seguridad social para
validarse ante el pueblo movilizado como
verdaderos representantes de sus intereses, levantando las demandas más
significativas, llamando a formar asambleas donde se discutirán las demandas,
pero guiadas por sus dirigentes y parlamentarios en una clara estrategia de
desmovilización.
Todas estas medidas
suenan parecidas a las demandas del pueblo movilizado, pero están encausadas
para que terminen en el congreso y se diluyan como todas las demandas
anteriores y proponer algún bono para congraciarse con buena parte de la
población, todo esto sin tocar el sistema neoliberal que es el origen del
descontento del pueblo.
Por su parte los
dirigentes del empresariado hacen un llamado a sus asociados a meterse la mano
al bolsillo y ser generosos con sus trabajadores, llegando al punto que
Andrónico Luksic declara que ninguno de los trabajadores de Quiñenco, su
empresa matriz, ganara menos de quinientos mil pesos mensuales, dejando fuera a
todos los empleados de las empresas que prestan servicios como terceros.
Todos esto anuncios
solo buscan engañar al pueblo y hacerles creer que el gobierno, los políticos y
los empresarios los han escuchado y tienen la voluntad de cambiar el país con
un nuevo Pacto Social que como siempre los termina beneficiando solo a ellos.
Gobierno, oposición,
burocracia sindical, buscan salvar a toda costa el estado burgués y el sistema
neoliberal, ninguno quiere perder su pedazo de la torta, a ninguno le conviene
que el pueblo tome las riendas de su destino. Se han puesto de acuerdo, pero
aun están preocupados , no saben si lograran su objetivo, la rabia y
frustración no se borran de un plumazo. Mientras tanto cambian todo para
cambiar nada.